SE CUMPLIÓ 11 AÑOS DEL FALLECIMIENTO DEL PADRE CHIFRI

Salta 24 de noviembre de 2022 Por BERNABE
Su imagen pastoral quedará para siempre en El Alfarcito, donde desarrolló una particular manera de acercarse a la comunidad.
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El 23 de noviembre de 2011 moría el querido sacerdote Sigfrido Moroder y la noticia conmovió a toda la provincia. La muerte de "Chifri", como era conocido, a los 46 años, profundizó el silencio de la Quebrada del Toro.

Su trabajo pastoral quedará para siempre en El Alfarcito y las zonas aledañas de Rosario de Lerma, donde había desarrollado una curiosa manera de acercarse a la comunidad.

Una vida al servicio del prójimo 

Nacido en Buenos Aires, el padre Chifri comenzó su trabajo pastoral en Salta en 1999 y desarrolló una amplia obra social que incluyó el desarrollo de una escuela secundaria para contener en El Alfarcito a los adolescentes y evitar la migración casi constante que convertía la región en un albergue de niños y de ancianos.

También creó una fundación y convirtió un viejo ómnibus en El colectivo de los sueños, que equipó con material didáctico y deportivo, con juguetes, instrumentos musicales y hasta un televisor y un castillo inflable. Con ese colectivo recorría las escuelas de la región.

Su vocación religiosa nació durante sus estudios en el Colegio Guadalupe de los Misioneros del Verbo Divino.

Ingresó en el seminario en 1984. En 1995 llegó a Salta y se afincó en la Quebrada del Toro. Por su acción en favor de la comunidad, había sido distinguido con el premio y la bandera Argentina Solidaria 2010.

El religioso luchó varios años contra las consecuencias de un accidente que sufrió al caer de un parapente que utilizaba para misionar en el norte de la provincia. Estaba en casa de amigos cuando sufrió una descompensación mientras realizaba sus ejercicios de rehabilitación.

Desde entonces, Moroder mantenía una tenaz rutina. En 2004, manejaba un parapente cuando un remolino hizo que perdiera el control y cayera desde 40 metros de altura.

Los médicos le dijeron que no volvería a caminar, pero él desafió el diagnóstico y convirtió la iglesi en un gimnasio: armó aparatos de rehabilitación caseros y estuvo dos años y medio con jornadas de cinco horas diarias de rehabilitación, relató el diario "Perfil".

Logró caminar con muletas y transportarse con un cuatriciclo. Así pudo seguir con su obra en su Fundación El Alfarcito, fundar la primera escuela secundaria albergue de montaña, crear un sistema de trueque comunitario y escribir "Después del abismo", un libro en el que contó su experiencia.

Su mayor preocupación era ayudar a los pobladores de la zona de Rosario de Lerma y pueblos aledaños en Salta, con emprendimientos para que no abandonen la montaña.

 

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